Mis escritos
Escribo porque me libera, porque uso las palabras que pocas veces puedo introducir en una conversación, porque respondo preguntas que pasaron, porque cuando leo lo que escribo sé más sobre mí, porque viajo con las letras, las acompaño, y cuando acabo, siento la adrenalina de la historia, o su nostalgia, o su locura. Y cuando acabo siento que fui capaz de cerrar una de las puertas de mi cabeza, ya sabes, esas puertas de la habitación en la que siempre se cola el viento, y golpea, y golpea a esa puerta sin parar.
SEMILLAS EN EL CEMENTO
A pesar de los comentarios de las personas, Luis seguía lanzando semillas sobre las calles. Sin plantarlas ni regarlas, sólo las lanzaba. Un día, en contra de todo pronóstico, nació un enorme árbol en medio de la ciudad. Las personas viajaban desde lejos para tomarse fotos con él, para pedirle cosas y para admirarlo. Al tiempo, con un poco de su madera instalaron quioscos a su lado; Después, con otro poco, construyeron bares; Finalmente el enorme árbol tenía gente viviendo en su interior. Luis, nuevamente, tomó su bolsa con semillas y salió a lanzarlas, sin plantarlas ni regarlas…sólo a lanzarlas.
Redención
Ojos cerrados. Párpados apretados. Mi corazón late y lo hace como si fuese a estallar. Mi corazón no sólo late sino que golpea como si fuera un puño contra mi pecho. Las venas de mis brazos están llenas de sangre. Las venas de mis piernas están llenas de sangre. Ahora es mi cabeza la que está por estallar. Puedo sentir esto y pienso aún. Jamás había estado tan concentrado, puedo ver las nubes y las amo como nunca las había amado, y escucho a la ciudad. Creo que acabo de cometer el error más grande de mi vida y no hay vuelta atrás.
Si hubiese sabido que esta sensación iba a ser tan duradera claro que no habría tomado esta dedición. Soy un cobarde hasta el final. Ni siquiera sé en qué momento pasó todo.
Llego a casa y veo a mi mujer parada en la entrada. Me mira pero es una mirada perdida. Me habla pero no escucho. La veo y es como transparente. Veo como se marcha. Veo como desaparece en el camino. Veo como me derrumbo. Y me atrevo a preguntar qué hice mal.
Llegó a la oficina y veo a todos con sus camisas y corbatas. Escucho como choca cada una de las teclas de estas máquinas y si pongo atención incluso escucho como son golpeadas por esos dedos que son manejados por algo más grande que nosotros: el miedo y algo más grande que yo: la cobardía. Los veo como marionetas, hacen lo mismo. Esquivan el trabajo y piensan que van en contra de las reglas. Miran a alguien desde su cubículo y porque son correspondidos creen que han logrado algo. No quiero ser parte de esto, pero sigo.
Son días los que me pierdo dentro de las botellas de alcohol, me pierdo en mi propio hogar y me refugio en el olor que existe en mi cama. Soy débil. Soy pura mediocridad.
Siento asco de todo. Camino por las calles y veo rostros que reflejan angustia perpetua. Veo televisión. Siento asco. Las horas son infinitas. Desde que ella se fue todo es infinito. Desde que ella se fue sólo siento ira, asco y pena.
Quiebro nuestra foto de matrimonio. Quemo álbumes completos. Rompo mi ser. Soy nada.
Soy nada. No soy. No soy mientras camino entre la muchedumbre, ni soy cuando estoy en mi oficina enviando mensajes desde mi computador, no soy cuando pienso que somos una infinidad del universo, ni soy cuando pienso que las personas tienen que cambiar. Sin embargo aquel día en el que llegué a mi oficina pensé que podía ser. Miré con ira, tanta ira, a la marioneta suprema, mas no el titiritero, y lo golpeé en la cara tantas veces. Sentía. En ese momento fui algo. Fui libertad y fui infinito. Asesiné. Vuelvo a ser nada y pienso que ya no habrá nada. Todas las marionetas se voltean a verme. No sé que hacer. Y de un momento a otro me hallo dónde estoy.
Caigo desde un séptimo-avo piso, mi cobardía se apodera de mi. Amo el viento que me atrapa y amo el grito desesperado de quienes esperan a que llegue mi fin. Pero tengo la sensación de que pude haber hecho mucho más. Al final pienso que ya morí, y no será la caída quién me mate, me ahogué en odio.
Vuelta tras vuelta en el aire tóxico de la ciudad. Qué manera de acabar. Puedo oír la manera en que los pequeños pedazos de vidrio de aquella ventana que quebré rompen el aire al igual que cortavientos.
Ando en bicicleta, en pasajes largos repletos de arboles con hojas de color café. Me encanta el sonido que producen al romperse, como me encantaba ver la llama de una vela alargarse y encogerse. Esas llamas me identificaban. Tenían un momento de grandeza en cuanto el viento soplaba pero se esfumaba cuan larga era la duración del viento. Esa llama terminaba extinguiéndose. Me extingo, de distinta pero igual manera que la llama de una vela que es prendida en la carretera para recordar a alguien.
Quizá en otro momento de mi vida fui alguien. Recuerdo cuando vi caer majestuosamente ese billete de gran suma. Vi cómo resbalaba por la cartera de aquella dama y se acercaba a mi, cómo si lo necesitase. Se pegó en mi pierna, y cavilé: ¿Lo entrego?, no lo ha notado, después de todo qué puede perder. Lo pensé, y luego me sentí mal por eso. Pero…¿Qué es una decisión si no la has tomado luego de meditarla? Me acerqué cuidadosamente hacia aquella dama y le entregué el dinero ofreciéndole una sonrisa amistosa. Me abrazó fuertemente, incluso una lágrima rodó por su rostro, era una sola lágrima, pero era lo suficientemente grande como para no quedar atrapada entre los inmensos surcos que se trazaban por su rostro. Dijo que lo necesitaba para medicina, que yo era muy buena persona. Me acosté y me levanté pensando en eso un par de días.
Veo como mi mujer se larga. Como se rompe el marco que tanto tiempo nos tomó elegir para conmerar nuestra boda.
Recuerdo cuánto me gustaba el tenúe olor a naftalina que había en los roperos de mi casa cuando era un niño. Cuánto me agradaba el sabor del cereal por las mañanas, se sentía tan distinto que el de lar tardes.
Veo como mi esposa se larga, y no me duele tan sólo eso. Veo cómo se larga con dos criaturas indefensas que le toman la mano a su madre. Me pierdo en los ojos de esas criaturas .
¡Me encanta la música! la oigo ahora que caigo. En este momento soy capaz de sentir todo, sin confundirme. Siento el sabor del pan tostado y huelo la naftalina. Bebo caldo en invierno. Mi madre me acaricia el cabello. Hablo con mis hijos. Bebo agua en verano. Nado. Siento el peso de mi hijo sobre mis hombros mientras corremos por el parque. Oigo el tic tac del reloj por la noche. Soy testigo de una bolsa volando más alto que un ave.
Amo y aborrezco este momento. Veo a la multitud gritando desesperada. Gritando y lloriqueando por un hombre que no conocen. ¿Por qué hay que llegar al límite para que la gente sea empática?
Soy egoísta, lo sé. Me arrepiento, pero no hay vuelta atrás. Quiero volver a sentir y algo me dice que lo haré. Algo me dice que volveré a escuchar música y a comer cereal por las mañanas, que calentaré mis pies con el calor de los de mi madre mientras vemos televisión, sentiré el aroma del barro, andaré en bicicleta otoños enteros. A través de mis hijos sentiré de nuevo.
Estoy cerca del pavimento. Ya no oigo gritos, si no halagos. Soy infinito y libre, no de la manera que siempre pensé, pero lo soy.Estoy seguro de que cambié la vida de alguien. Por eso vale la pena vivir.
El Manto blanco
Pucha…ojalá se entienda cómo se escribió esta webá xd, sólo separen las comas :):
Todos caminaban con miedo, se sentía
Marchando iban todos, a la par
Si uno gritaba el otro lo hacía y así se veía lo oscuro que estaba
si uno reía el otro lo hacía y así se notaba la que eran iguales, la ignorancia.
Sonaban las cadenas que arrastraban sus pies
eran ideales, el miedo
Llevaban un manto sobre sus rostros sin bocas ni ojos, no conocía
Un manto uniforme,sólo blanco.
Iban hacia un túnel alto y angosto
no percibían que sería como agosto
y no intentaron dibujar en sus rostros
ojos que vieran.
Algunos chocaron otros corrieron, huyeron
Otros se perdieron, gritando
soltaban el manto sin haber visto antes un blanco tan bello, entre ellos.
El blanco cambió
pues el polvo cayó
tosiendo y tosiendo les salió la voz.
El manto se ensució
pues la tierra tocó
y muchos sintieron ardor en los ojos que no conocían
Impresionados vieron la luz, sin saber
Con miedo avanzaban, mirar
Salieron al fin y soltaron el manto
lloraron y vomitaron
estrenando sus ojos y sus bocas
sobre el manto blanco que ya era gris
Jamás habían visto otro color
Algunos huyeron otros corrieron
de los miles que eran sólo eran cientos
estos cientos tomaron el manto y lo llevaron, arriba
Pues más adelante había un túnel más alto y estrecho
Pero ya aprenderían a subir sobre los hombros
a escalar hombres.
Luego aprenderían a esperar su turno, intrascendente
y de los cientos las docenas aprenderían lo magnífico que es un manto negro, es
pero otros se percatarían de que pueden caminar sobre el túnel y, aún así, llegar al otro lado.
Ciclo
Caen las ennegrecidas ramas
Rompiéndose por violentos vientos
Que mueven las secas nubes
Que cubren al ennegrecido cielo.
Vuelan las hojas muertas
Más muertas que en otoños viejos
Vuelan bailando entre ellas
Se elevan al cielo muerto.
Hace tiempo que no se ve un alma
Caminando por las calles largas
Hace tiempo que no se ve alguien
En la llamada tierra de nadie.
Creyeron que con rinocerontes de acero
Y que con aves de hierro
El silencio llegaría a cada rincón
De un mundo que no conoce extremos.
Que derrumbando universos
E ideas distintas
Podría ser el rojo igual que el negro.
Cuando el último hombre se rindió
Y de su rinoceronte de acero bajó
Contempló una montaña de fuego y de rencor
Fundiéndose enfrente suyo
No alcanzó a dar más que cinco pasos
Y se derrumbó
Cayendo por la falda de esa montaña de fuego y rencor
A un mar rojo y manso
Y hasta el final pensó: sí, algo logré.
Cuando el sol se escondió ese día
Tras un horizonte más grande y un negro velo
Ya no había nadie mirando aquel atardecer
Ni nadie oyendo el susurro del océano
Que se encargaba de apagar
Los más fogosos sueños
Que surgían de los universos
Que allí se ahogaban.
Cuando ya nadie escuche ni nadie vea
Cuando ya nadie sienta ni respire
Se piensa que nada existirá.
Más el sol volvió a salir por la mañana
En un horizonte totalmente distinto
Iluminando un celeste planeta
Acariciando sus inmensos mares.
Caen las ennegrecidas ramas
Rompiéndose por violentos vientos
Que mueven las secas nubes
Que cubren al ennegrecido cielo.
Vuelan las hojas muertas
Más muertas que en otoños viejos
Vuelan bailando entre ellas
Se elevan al cielo muerto.
La manija del pesar
Se daba cuenta de que era inevitable saltar la manija que lo venía a buscar,
y aún así volteaba y casi llorando inspeccionaba a los fantasmas merodear.
Se apresuraba o gateaba, mas no pensaba ni cavilaba sobre nada y nada más
Pues por eso el pobre hombre sólo sabía abrir puertas y ni una ventana osó saltar jamás.
Cobarde simplemente y estigmatizado para siempre por desdichas que pudo reparar
Este hombre así corría, este hombre así se arrastraba aunque podía caminar.
Llegó de este modo a mundo que se movía sobretodo con excusas y un quizás.
Donde nadie lo atendía, donde nadie lo veía y donde siempre tropezaba con aquella cruel manija que lo perseguía en su andar.
¿Cómo era eso posible? ¿Cómo era eso aceptable? Si tanto y tanto esfuerzo hizo él para llegar a donde está.
Si este hombre se percatara de que el tiempo seca hojas, de que el viento las eleva y de que la tierra las cobija
Tal vez entendería que la vida tiene pasos que no puedes simplemente saltar.
Pues con todo acarreas, pues con ello tú gateas y hagas lo hagas siempre esa manija te lo recordará.
Y no te percatas del momento en el que las cuerdas vigorosas que arrastran todas tus cosas se enredan en la gente que ves pasar,
Y cuando mires hacia atrás, por más y más que mires,
no habrá nadie allí que te acaricie, ni nadie que te cobije pues son fantasmas nada más.
Se daba cuenta de la cercana agonía de su esencia
y aún así se perdía en lo trivial.
Un día la manija dejó de perseguirlo y en el semblante del pobre hombre una sonrisa se dibujó
Estaba libre de todo, ya no acarreaba nada, y así su paso apresuró.
Mas sus rodillas se quebraron, sus ojos se cansaron y su corazón al fin calló.
Quizá sería uno de esos fantasmas condenados a mirar rostros que piden un consuelo.
Y obligado a merodear en veredas de recuerdos que serían testigos del eterno canto agónico
De este ser abúlico y de sus memorias y pesar.
Rostros felices
Se subieron a la micro cómo verdaderos delincuentes, por la puerta trasera, claro. Decidí mirarlos de reojo porque siempre me ha encantado ver el comportamiento de las personas de su clase y jamás he logrado descifrar cuál es la simple idea humana capaz de darle vida a tantos gestos y acciones sin razón y totalmente intrascendentes. ¡LA MUJER QUE IBA CON ELLOS LLEVABA UN COCHAYUYO COMO TURBANTE!
Luego de esa mirada disimulada acomodé mis audífonos y me dispuse a subirle todo el volumen al mp4. Miraba el paisaje rural e intentaba ofuscar con pensamientos las groseras carcajadas que la música no lograba ahogarl del todo.
-¿Por qué no pueden simplemente sentarse y callar hasta su paradero?- pensaba- ¿Por qué hay personas que se esfuerzan tanto en contagiar a otro con su humor absurdo y sus ridículas ideas?
Ahora, algo me llamó la atención más que sus carcajadas de orangutanes y más que el turbante que la mujer llevaba: Mi madre reía con ellos.
Me quité los audífonos y escuché con atención sólo chistes y bromas que se pueden presentar en circos muy pobres, pero eran felices…ella era feliz. Y me pregunté: será que la sola cuestión de preguntarme y formular preguntas sobre decencia o elegancia me hacía estar lejos de entender sus bromas y enseguida entendí que no había nada que entender.
Decidí mirarlos con atención porque siempre me han encantado las sonrisas y ver el comportamiento de las personas en las que abunda, jamás he logrado descifrar el momento en el que la felicidad que inspira una de ellas se evapora ni cómo una sonrisa, por pequeña que sea hace bello al rostro que la porta.
La simpleza consigue a la felicidad, entendí. Les concedí una sonrisa mía y ellos le correspondieron con un amistoso gesto.
Las sonrisas abundan en la simpleza de la vida y otorgan esa felicidad tan compleja que se esfuma en el instante en el que intentas comprenderla. Aprendí de mi madre con tan sólo ver su sonrisa un valor que me seguirá toda la vida.
Aquellos tiempos
Recuerdo aquellos tiempos
en que tan sólo con ver el cielo
veía astros azules y escuchaba atento al viento.
Recuerdo que hace mucho
el rey astro salía glorioso
se mostraba tras las montañas
con su brillo poderoso.
Hace tiempo la cordillera
era vista por muchos ojos,
ojos que se encantaban
con su celeste tan hermoso.
Me contaron que en el pasado
el dinero no hacía daño
incluso me dijeron
que valía mucho más.
Llegan diciendo esto.
Llegan diciendo aquello.
Llegan recordando,
olvidando el presente.
Rcuerdo en aquellos tiempos
que la lluvia caía serena
mojando las cabelleras
naturales y siempre bellas.
Recuerdo que hace mucho
la pretención más grande
era nutrirte de cultura
y tener un hogar caliente.
Hace tiempo que veo ojos
tan lustrosos como destellantes
imitando muñecos y sofocando al alma
de manera alarmante
que no logro distinguir
la verdad de la mentira.
Como va cambiando el tiempo.
Como va mutando tanto.
Como surgen cosas nuevas,
olvidando las de antaño.
Tengo memoria de aquellos días
en que el tiempo si que cundía
los segundos perpetuaban
y en minutos planeabas vidas.
¿Qué pasó con los soñarores?
¿Qué pasó con los poetas?
¿Qué pasó con los amantes?
¿Qué pasó con la simpleza?
Se habrán esfumado con el viento.
Se habrán evaporado con el verano.
Se habrán desvanecido con el tiempo.
Se habrán ahogado en la lluvia.
Si que recuerdo aquellos tiempos
en que escuchaba las olas solas
en que escuchaba a las gaviotas
y el susurro del silencio.
Como hóstil se ha vuelto el mundo
escarvando en las personas
inundándolas de orgullo.
Como rápido pasan las horas
Como corto se hace el tiempo
Como se esfuman los segundos
Como se esparcen los minutos
Que no alcanzas ni a despedirte
De la luna que con esmero
Se arregla todas las noches
Vistiéndose de reina
Para que las gente así recuerde
de que no todo ha cambiado.
Y por la mañana se va llorando
tras su velo transparente
dolida de la actitud Celestina de la gente.
¿Por qué insisten en disfrazarse?
¿Por qué quieren camuflarse?
¿Por qué ya no miran a las estrellas?
…¿Por qué…por qué ya no buscan la simpleza?
Siempre recuerdo aquellos tiempos
en que veía sonrisas bellas
que parecían capaces de rebalsar al rostro más amargo.
Solían haber historias
tan emotivas
que commovían a un rufían.
Y no es que ya no sean emotivas, lo que pasa es que el rufían se hizo inmune a ellas.
Recordaré que en estos tiempos
la gente miraba al sol insultándolo con odio.
Rcordaré que hoy en día
el reflejo en un espejo
puede ser tan incómodo
como una mirada abusadora.
Recordaré que en estos años
quien no se sale con la suya
se desquita con malicia.
¿Qué pasó con los ojos bellos, esos ojos verdaderos
, esas miradas penetrantes, y esos minutos que valían?
El problema de hoy en día es que las baterías duran poco,
los abrazos se hacen cortos,
los valientes son derrotados,
y los sueños son inalcanzables.
El problema de hoy en día
es pensar en el ayer
como una lengua muerta
que sólo pocos recuerdan hablar
y que ninguno se esfuerza en hacer resucitar.
Podrìa
Podría escribir mil y una historias en la arena, y aún así el mar se las llevaría.
Podría confesarle mil y un secretos al espejo, y aún así no me antendería.
Podría tomar una fotografía y vivir por siempre de ese recuerdo.
Podría recitar mil y un poemas al viento y…sin embargo, a ningún lugar los llevaría.
Escribiría canciones sobre un desierto, pero ¿De qué me serviría?
Escribiría mis llantos y todos mis lamentos en un cuaderno que sólo yo conozco.
Escribiría sobre libertad y sobre justicia, sin lograr opacar la corrupción y la mentira.
Escribiría sobre amor y sobre…sobre nada, al final ¿de qué me sirve? si nadie ni nada las verá.
Volaría.
Podría.
Alcanzaría.
Podría.
Podría soñar, cantar y escribir
sobre mil noches sin tener un fin.
Podría soñar escribir y cantar
acerca de la suerte y los juegos de azar.
Podría seguir seguir y seguir
sin ningún sitio llegar a aplaudir.
Sería capaz de pasar una vida sentado sobre una estrella fugaz
contemplando el universo…y no lo entendería jamás.
Podría soñar cantar y escribir
sobre mil recuerdos sin construir.
Podría soñar escribir y cantar
sobre mi vida…pero de nada más.
Podría sufir sufrir y sufrir
viendo palabras, cantos y sueños sin cumplir.
Sería capaz de pasar una vida leyendo escuchando y soñando
letras palabras y cantos
sabiendo que alguna vez en mis manos estuvo
el poder de hacer relidad hasta lo más dimituto que mi alma contuvo.
Al final, podría gritar que por fin morí
y ¿de qué serviría…si nadie nunca supo que existí?
Las pinturas de un recuerdo
Miraba el cuadro que alguna vez se movió, esa hermosa pintura de un bellísimo árbol, enorme por cierto. Recuerdo lo raro que fue, pues yo estaba acá, meditando como siempre y de pronto vi a alguien que muy suntuosamente se sentó bajo las ramas del árbol, en su sombra. No tuve el valor de acercarme, ni un momento, a la pintura, ¡Fue espantosamente increíble!
Sin embargo, siempre hallé algo extraño en aquel cuadro, a veces tenía la sensación de que al árbol le faltan hojas, o a veces pensaba que las hojas cambiaban de color, con los años descubrí ramas que antes no había visto y nubes tan débiles que apenas eran visibles.
Como en éste lugar no hay ventanas me conformaba con mirar aquella pintura. Hace mucho que no salgo de aquí, y cabe destacar que ya me acostumbre a que ese reloj que está colgado sobre la repisa repleta de libros que he leído una y otra vez funcione en reversa. No sé de fechas. Apenas si oigo el ring-ring del teléfono una vez por cada quién sabe cuánto tiempo, y cuando contesto hablo con esa voz que parece triste, y me pregunta ¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes? Y yo no me canso de hablarle sobre el cuadro, es tan maravilloso, pareciera que envejece.
Ese alguien que una vez se sentó bajo la sombra de aquel árbol estuvo mucho tiempo observando hacia acá, como si me hubiese visto, incluso se acostó un tiempo sobre el seco césped, incluso durmió.
Un día llegó una carta, la arrojaron por debajo de la puerta.
Era tan bellísima aquella playa.
Nada más. Sin remitente. Cuando acabé de leerla fui, instintivamente, a guardarla dentro de un enorme cajón con llave que hay en la repisa de los libros, y me encuentro con que dentro había otro sobre y al lado de él reposaba un enorme cuadro. Dejé el sobre allí y con mucho entusiasmo abrí inspeccioné el cuadro. Era la pintura de una playa, quedé maravillado con la belleza del mar, de los colores que inundaban a esa, como no decirlo, magnífica obra de arte. Lo colgué cerca de la pintura del árbol.
Nuevamente miraba el cuadro. De pronto había huellas en la arena, a veces no. De pronto había olas, a veces no. Una vez, mientras yo estaba acá, sentado y meditando como siempre, vi a una persona, era la misma persona que apareció en la pintura del árbol. Otra vez, suntuosamente, se sentó sobre la arena a ver el mar. Yo no me acerqué al cuadro, pero si no le despesqué los ojos de encima. Me encantaba como su dorado cabello de pronto se alzaba.
El teléfono seguía sonando de vez en cuando, ahora yo tenía más temas de conversación.
Y así, cada cierto tiempo llegaba un sobre nuevo, y cuando, después de leerlo, lo iba a guardar encontraba un cuadro nuevo. La casa se llenó de paisajes y yo me enamoré de la persona que ingratamente se aparecía una vez en cada pintura: se sentaba, dormía y se retiraba.
Noté algo, cuando esta persona aparecía en una pintura se movía con menos agilidad que en la anterior y lo mismo pasaba en la siguiente y en la siguiente. Mas esto no hizo que yo perdiera el interés en ella.
Todas las cartas tenían sólo una línea de escritura:
¡El lugar más maravilloso que he visitado!
Y éste fue el mejor atardecer de mi vida
¡El anillo!…siempre tan romántico.
Nunca vi el cielo tan estrellado.
Solía ser un bonito paraje.
El lago, hermoso.
Nosotros.
Ese nosotros pareció ser la última carta. Me sentí tan decepcionado, tan triste. Me dediqué a observar el último cuadro durante muchísimo tiempo, eran dos sillones, juntos, estaban frente a una ventana. Por más que esperé no vi nada.
Nada.
Nuevamente nada.
No, no hay nada.
Un día miraba el cuadro que alguna vez se movió. Sí, aquel del árbol enorme y del césped seco, y llegó, de la nada, esa persona que tanto esperé: Se sentó y miró hacia acá, fijamente. No me contuve, y me puse de pie. Camine lentamente hacia la pintura y ella me miraba con una nostalgia inexplicable. Cuando estuve frente a él ella ya estaba durmiendo, quise acariciarla pero se esfumó, se desvaneció.
Sentí un vacío tan gigantesco que casi cayó una lagrima, sin embargo, antes de que pudiese pasar cualquier cosa oí el ring-ring del teléfono que hace tanto no llamaba.
Corrí a contestar, lo levanté y escuché:
¿Cómo estás?
Suspiré, alegre: muy bien, muy bien.
¿Cómo te sientes?
¿Por qué ya no estás?-pregunté y un silencio como no había sentido inundó la casa. Ya no oía el tic-tac del reloj.
Porque ya esperé mucho, igual que tú.
Llamaron a la puerta, fui y me planté frente a ella sin hacer nada, no podía abrirla de todos modos porque no tenía manija. No obstante se abrió. Sentí la brisa que no me abrazaba hace tanto, sentí el aroma que pensé que nunca más inhalaría y vi los dorados cabellos alzándose con el viento. Por esto esperé tanto tiempo, por estar de nuevo junto a ella.
La SOMBRA
Con sus manos temblorosas intentaba escribir, sólo quería escribir, pero ni eso podía hacer. Ya las noches no eran como antes, ya no eran silenciosas y armónicas, ya hace tiempo escuchaba gritos en medio del silencio.
Dejaba caer la tinta de su pluma sobre la delgada hoja de papel, sin escribir, tenía bellas ideas, claro, hermosas en verdad, sobre como entender al mundo, sobre como entender a las personas, pero no salían, algo se lo impedia.
La llama de una usada vela parpadeaba ágilmente y lo perturbaba. Algo podía aparecer de la oscuridad para asesinarlo, repentinamente podía sentir como algo lo asfixiaba.
¿Por qué?, ¿Por qué?
“Era un día…”, eso era lo único escrito, pretendía poner: Era un día hermoso… no podía.
-!Eran unos dias!- grito una voz en la penumbra.
-!Que malvado fuiste, que malvado has sido!
-¡Basta ya!- las calló- basta ya…- dejó caer estrepitosamente su pluma-. Déjenme, ¿Qué no ven que ya he pagado?, ¿No lo notan en este rostro destruido?
-¿Tanto esfuerzo se necesitaba…?- habló una cálida voz.
-No, ciertamente- le respondió el hombre, más calmo-, pero el trabajo… ¡Yo no podía abandonarlo!
La llama de la vela parpadeaba cada vez con más frecuencia.
-¡Ay dios, Ay dios!- aulló una mujer- !Cría cuervos…!
-¡Me arrepiento tanto! ¡Me arrepiento tanto!- rompió en llanto- ¡Oh, madre, oh, padre!
Nadie habló.
-¿Están allí, o han cesado su tormento?- se puso de pie.
-Yo estoy aquí…
Volteó y se aterrorizó. Una sombra estaba allí, corpulenta, mucho más alta y enorme que él.
-¡Dios, sólo quiero escribir… solamente quiero escribir.
-Como será todo lo que te ha pasado que no puedes escribir mentiras. Qué cosas te habrán sucedido, que ni siquiera confías en este lugar que te ha acompañado durante tantos años…
-No me ha sucedido nada…
-¿Sabes que sucederá si continúas diciéndote eso?
-¿Qué cosa?
-Lo vas a creer…
-¡Hay, si te adoraba! ¡Yo te adoraba!- gritó la voz maternal.
-Pero nos abandonaste, a ti te consta eso, nos dejaste…- habló su padre.
-¡Sólo quiero escribir!- miró a la sombra…- ¿Me dejas escribir?
-Levanta tu pluma.
El hombre no titubeó y la levantó. Miró a la sombra.
-Pues… escribe- le dijo esta.
El hombre posó su mano en la doblada hoja de papel, pero no dibujó ninguna letra.
-¿He tenido algo que ver en esto?
-No lo sé…
-¿Qué cosas tan horribles te han sucedido?
-¡Son esas voces! ¡Son esas voces infernales las culpables de que no pueda trabajar! Dime, cuéntame, ¿Sabes tú lo que puedo hacer para volver a escribir?
-Callar.
Hubo un silencio. El hombre entró en desesperación.
-Cuando callo no oigo más que un silencio torturador, cruel y mortal.
-¡Calla!- le espetó la sombra- ¡Calla y escucha! No calles con tu voz tan solo, calla con tu mente también, apacigua tu corazón…
-Eras nuestro bebé, lo que has hecho y lo que hiciste nos ha dolido mucho… pero siempre serás nuestro bebé-Susurró una voz.
-Has venido a llevarme al averno, ¿no es así? Sombra. Me has estado vigilando y antes dejaste que enloqueciera para que todo fuera más fácil.
-Yo no he venido de ningún lugar ¿Qué aún no entiendes, pobre hombre? NO pretendo ir a donde tú no vayas, no pretendo ser quien tú no eres, ni menos pretendo mostrar lo que no sientes.
-¿Por qué entonces eres tan grande y tan imponente? ¿Por qué eres como un demonio?
-¡Porque tu culpa es así!
-¿Eres la culpa?
Otro silencio inundo la habitación. El hombre bajó la mirada, por instinto, y notó que la sombra nacía desde sus pies y se elevaba frente a él, ahí, recién comprendió que esa era su sombra.
-Dejaste de amar a quien te amaba por estar en donde no deseabas, para tener triunfos vacíos y así impresionar a personas que odiabas, ganaste dinero que no necesitabas, y lo gastaste en cosas que ahora no están. Tanto tiempo pasaste escribiendo mentiras sobre como veías la vida que aún de pie frente a tu sombra no la reconoces.
-¿Que puedo hacer para frenar estos delirios, qué puedo hacer para volver a escribir?
-¡Calla!, ¡Calla y escucha!
El hombre se puso de pie y de un soplo apagó la vela parpadeante, todo quedó en silencio, los susurros y los gritos se desvanecieron.
Una gruesa lágrima brotó y calló por su mejilla cuando recordó, el hombre que casi había olvidado como recordar, que una vez fue feliz…
EL VIAJERO.